
Ella caminaba sobre la columna muerta de mármol y el la miraba desde la orilla pulcra de la histérica avenida... el quería tocar la mano de ella pero ella no tenia ya manos... las manos de ella volaban en dirección a las galaxias del hacer y el conservaba recuerdos de una mentira prolongada... no hay mas razones para estrujar algún cráneo desolado ni intenciones de machacar las inhóspitas paredes del templo de la vida.







2 comentarios:
qué intrincado mi querido andrés
ahh la anterior era yo, manu.
Publicar un comentario en la entrada