Son las cuatro de la madrugada en ningún lugar y las agujas duras del reloj paralizan mi sangre, mientras la velocidad del tiempo ya sin tiempo despliega sus alas blancas de cadáveres sin sueño. La noche me acompaña, me atrae y me aleja, como pidiéndome un favor, una ofrenda, pero la noche no tiene amigos, es solitaria como el dolor o el éxito. Quiero asesinar al miedo y por eso corro desesperado y vertiginoso a enterrar mi cuerpo en las nieves de la cima de aquella montaña que ya todos conocemos, buscando la confianza descubro el vacío y erro, cada decisión es apresurada, traviesa e inservible. Y cada grito que atraviesa mi garganta transforma mi espíritu en una frágil y gigante pirámide de naipes.
Te amo princesa de los colores. Tu cintura es la cuna dulce de mis manos, tu boca la salvación de mi suspiros, tus labios el umbral de mi destino y tus ojos, tan severos como leves, en cada grito de tu mirada me dan la bienvenida a la suite mas alta del paraíso. Ahora, cuando tu respiración se cuela cariñosa entre mi barba, todo es presente, vida, amor. Ahora, cuando te veo indefensa durmiendo en mi cama, todo es simple, armonía, dulce naufragio de nuestros sueños volando juntos en sabanas de algodón de azúcar por el cielo inmenso de la sorpresa encantadora.
Cuando tu mano busca mi mano, cuando mi mano busca tu mano, cuando tu mano encuentra mi mano, cuando mi mano encuentra tu mano, una cascada de pétalos tiñen nuestros huesos y el mundo se quita el sombrero, asombrado y enceguecido por el vigor del resplandor de nuestros cuerpos unidos en un único sol, que con su fuerza alumbra la tierra y hace germinar miles de semillas.
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2 comentarios:
HERMOSO
Dulce y honesto. lindo de leer y volver a leer.
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