viernes 17 de junio de 2011

LAND AND HORSES

El penúltimo condenado a la hoguera escribe en la pared transpirada y gris del calabozo su ultima sentencia: "serán eternamente olvidados aquellos que desprecien lo inadaptable", resiste sobre sus propias tormentas de rencor y duda la única esperanza que desde el futuro se filtra, como un aullido, por sus oídos hasta perforarle la médula.
El fantasma de su padre acurrucado en una esquina , a su izquierda, repitiendo la misma respuesta: "La patria del emigrante es la semilla que germina en la tierra de la memoria", el fantasma de su padre tiene las manos amputadas.
Es el penúltimo condenado a la hoguera y el reloj inminentemente suda gotas de recuerdos. Los segundos se precipitan filosos sobre sus hombros abandonados. Los segundos son ajenos, llegan a la soledad del calabozo como cartas desde la muerte y el penúltimo condenado a la hoguera los recoge sin abrir los sobres.
Él sabe que en aproximadamente dos horas su cuerpo, su piel, su sangre, sus pelos, sus testículos y sus intestinos alimentaran la llama que otros han encendido.Él sabe que en aproximadamente dos horas muere, sin embargo, tiene cierta sensación de familiaridad con la muerte, cierto parentesco.
Primero, cuando supo lo de su condena, sintió miedo, odio por quienes le cocieron la muerte a sus pestañas, desilusion por quienes en nombre del bien común le secuestraron la vida para estamparla en la lista de condenados, sorpresa por la velocidad con que lo disfrazaron de torpe inadaptado.
Él aún se aferra a su mas viejo sueño: "Soy humano. Merezco amor, como todo el mundo", entierra estas palabras en su mente como alfileres en un vudú.
Acostado en el piso sucio y frío mirando el techo trata de tironear algun recuerdo. No encuentra ninguno que funcione. Es ahora, en este momento, que siente cierta desconfianza de su insipiente memoria. La nostalgia tiene cierto sabor amargo... imágenes del pasado se diluyen, retroceden, escondiendose frente a la urgencia... desesperado por rescatar del olvido vertiginoso algún escombro como huella de su existencia. Nada. La muerte lo mira balanceándose en sus lagrimas y él que no encuentra la vida, que sus recuerdos se hacen humo, abandonado solo en el escenario de un teatro vació.
Se escuchan los pasos de los guardias al compás de su corazón, el ritmo intransferible del tiempo. Vienen a buscarlo.
-"Necesito un recuerdo único, propio, inconfundible. Solo mio."- es inútil, toda su vida se ha vuelto una encrucijada de caminos sin sentido. Su historia es una multitud desorientada de susurros. Su memoria es una pila de afiches, algunos promueven ideas contradictorias, productos de belleza, estereotipos de felicidad, éxito, placer y tristeza... mientras la muerte, construye entre sombras algo que podriamos llamar pensamiento y anota en su agenda: "otro mas que creyó en el juego"... aburrida se rasca contra una de las piernas del penúltimo condenado a la hoguera.
El condenado ya camina por el pasillo de la carcel, el calabozo tambien desaparece. Va directo al patio donde la hoguera, sedienta de fuego y hambrienta de carne, espera aún sin encender.
Pero él está desorientado. Siempre siguió los impulsos de su corazón y las conductas prolijas de su conciencia, siempre, durante su vida, la cual ahora lo abandona y se esconde, siempre fue una persona "activa", "solidaria" y que, a pesar de los "contras", aporto al "progreso humano"... entonces ¿por qué esta soledad existencial le sabe a derrota?... ¿por qué la muerte le suena tan familiar y tan desconocido lo que él consideraba su "propia vida"?... ¿por qué sus recuerdos son tan frágiles, el eco de sus acciones pasadas parece el sonido interminable de una cinta reproduciéndose sola en una caverna?...
La luz le parte la retina. "Esto es algo", piensa. El viento libre del patio le devuelve restos de su pasado. No son imágenes, ni personas, ni situaciones, creo que es todo eso junto, desordenado e innombrable... la vida pertenece al viento.
Ya lo están atando a uno de los palos. Ya encendieron la hoguera. Las llamas crecen. Lo envuelven, consumiendo sus ropas, sus pelos, su piel, sus ojos, su lengua, sus músculos, sus órganos, sus huesos... y el humo vuelve al viento.