Guardo siempre entre las pestañas una invisible moneda; la cual hago girar, seducido por el perfume del azar, cada vez que la muerte me convence de la necesidad de sus favores.
El riesgo de ganar y la suerte de perder asustan a la parca. La fe en el poder de acertar y ganarle de mano a la incógnita infiel del futuro es una inyección brutal de vida.
Desafiar la predicción del desenlace lógico, acariciar las nalgas suaves de la necesidad inevitable de ser dueño de la tentación; desafiando con ella, desde un chiquero olvidado, a los dioses poderosos, exigiéndoles arrodillarse frente al juguetón y desobediente azar... Palpitar por el chantaje al fracaso , expulsar de los riñones el oxido acumulado de la rutina diseñada...
Intentar, una vez mas, creer en los labios depredadores del éxtasis fugaz del instinto desvelado...
No prevenir un carajo!
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